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Publicado en El Deber No escribí durante un año. No por falta de palabras —eso nunca—, sino porque el cuerpo me pidió silencio. Y cuando el cuerpo habla, conviene escucharlo. Ocho años escribiendo cada semana dejan huella. En los dedos, en la cabeza, en el ritmo interno. Y a veces también dejan cansancio. No del … Sigue leyendo Volver