Publicado en El Deber el 10 de marzo de 2017

Según un informe de UNICEF “las mujeres en Bolivia viven en condiciones de desigualdad respecto a los hombres. El analfabetismo es mayor y la tasa de mortalidad materna es una de las más altas del mundo”. Gracias a mecanismos de discriminación positiva, han habido avances importantes en la participación femenina en espacios de decisión económica y política, pero todavía estamos lejos de una deseada equidad de género.

Hay también indicadores esperanzadores, como el que refleja un estudio de la UNESCO (Educación Superior Universitaria en Bolivia, 2004) que afirma que en 1990 la proporción de varones y mujeres universitarios eran 70 y 30%, respectivamente. “En los últimos 15 años se ha dado un proceso de feminización de la matrícula universitaria, la situación actual sería equitativa”.

En mi experiencia personal como docente, sin conocer estas estadísticas, pude ya apreciar ese notorio cambio en la población estudiantil. Y puedo dar fe que, tanto en el área de ciencias exactas, como humanísticas, las más aplicadas y mejores alumnas, siempre fueron mujeres.

Una vez mi esposa me hizo notar que, en todo lo que hacía, siempre armaba equipos con mayoría de mujeres. Efectivamente, tanto en mis actividades de gestión cultural, periodísticas, empresariales, académicas e incluso sociales, las féminas siempre son las más numerosas. Lo que ella no sabía, y ahora lo revelo, es que en alguna parte leí que “los equipos de trabajo con mujeres son más inteligentes”.

Un estudio científico del MIT, Carnegie Mellon y Union College señala: “los equipos de trabajo con mayoría femenina son mucho más listos y eficientes. Atienden a medidas de colaboración grupal, y a una mejor y rápida resolución de problemas. Cuantas más mujeres en el grupo, mejor y más rápido actuaban”. La clave estaba en que las mujeres se destacaban en los aspectos relacionados a la inteligencia emocional.

Ellas sabían leer y entender emociones reflejadas en la cara de sus compañeros de una forma más eficaz. Esto se debía a que sabían “leer entre líneas”. De una muestra de 46 mil personas “los campos de percepción y comprensión eran mejor cubiertos por mujeres que por hombres”. Esta ventaja se mantenía incluso cuando el trabajo era en línea. El estudio reveló que “las mujeres sabían leer mejor el mensaje emocional que contenían los correos electrónicos o mensajes de texto, entendiendo la intención mejor que los hombres”. Esta parece ser una habilidad adquirida al trabajar en grupo, “ellas tienden a reunirse de forma grupal más que ellos”.

Una realidad así, cuantificable y demostrable, es razón suficiente para afirmar que el futuro del mundo estará en manos de mujeres. 

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