Publicado en El Deber el viernes 14 de agosto de 2020

El confinamiento provocado por la pandemia, además del descalabro económico en casi todos los sectores del quehacer humano, ha encontrado a las empresas periodísticas viviendo una doble transformación: la primera —y la más difícil—, la búsqueda de un nuevo modelo de negocio que sustituya al agotado modelo actual. Y la segunda, la de encontrar un lugar dentro de lo que los economistas denominan la “cuarta revolución industrial”. Es decir, una era donde la convergencia de nuevas tecnologías digitales, físicas y biológicas, cambiará el mundo a gran escala y a toda velocidad, y donde la prensa no pueda estar ajena y al margen, en cualquier de sus formatos.

La acelerada e imparable digitalización de la sociedad ha apresurado la transformación digital de todos los medios de comunicación. Lo que antes era un proyecto de futuro, hoy es una necesidad estratégica de supervivencia. La prensa escrita irá abandonando paulatinamente el papel y sus contenidos deberán aprovechar la versatilidad de los nuevos formatos que, además del texto y las fotografías, incorporan contenidos audiovisuales, animaciones, gráficos dinámicos y enlaces con otros soportes en Internet. Las radios son ahora digitales y sus programas pueden ser retransmitidos por televisión, redes sociales y otro tipo de plataformas. Los principales operadores en la televisión son aquellos que distribuyen contenidos audiovisuales a través de una plataforma en línea o servicio de video bajo demanda por retransmisión en directo, como Netflix.

El modelo basado en la generación de ingresos por venta de un producto y anuncios publicitarios que los sustentaban, ha perdido total vigencia y las estructuras de las empresas periodísticas tradicionales deberán transformarse para, no solo responder a las necesidades de las audiencias, sino para sobrevivir a los nuevos tiempos. Esta disminución de ingresos generará aún mayores pérdidas de empleo en el sector. El volumen de dinero que la publicidad invertía en las plataformas convencionales está migrando a las redes sociales que cuentan con miles de millones de seguidores que generan contenidos y los comparten, gratuitamente. Este público digital, mensurable de acuerdo a su flujo de visitas (clickstream), es un objetivo publicitario muy apetecido.

La disrupción tecnológica está modelando un nuevo consumidor de noticias. El espectador, oyente o lector actual demanda acceso personalizado, continuo, inmediato, gratuito e interactivo. La oferta de contenidos generalistas deberá dar paso a la casi individualización y segmentación de noticias y contenidos. La Inteligencia Artificial (IA), a través del rápido análisis de grandes bases de datos, permitirá experiencias personalizadas en contenido y formato. Las diferentes herramientas basadas en IA, eficientes en costos y con algoritmos complejos y precisos, podrán ser un nexo perspicaz y de alta productividad para satisfacer las peculiares necesidades de las audiencias: alertas, interés informativo, subtitulación, traducciones simultáneas a distintos idiomas en audio y texto, resúmenes y extractos, certificación de veracidad (fakenews), entre otros.

Las audiencias están tan fragmentadas y el mercado tan saturado de plataformas, de dispositivos o de medios que los retos de las empresas periodísticas post-pandemia estarán además sujetos a la constante y dinámica evolución tecnológica en un nuevo mercado complejo y dentro de un ecosistema que está en plena ebullición.

 

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