Jesús Cantín

Publicado en El País el martes 2 de junio de 2026

Queridos
Yo sé que Monterrey nos dejó fríos, que hacía años que no estábamos tan cerca, que tuvimos 38 minutos más alargue para meter un gol y que Godoy no es Martins.
Yo sé que este año nos vuelve a tocar Mundial en invierno y no es lo mismo; sé también que otra estrella para tu vecino argento sería insoportable otros cuatro años, y sé que el fútbol moderno parece competencia de atletismo.
Sé, obvio, que el país está como está y que pensar en “22 hombres corriendo detrás de una pelota” puede parecer una frivolidad.
También sé, claro, que el fútbol está podrido desde dentro, que la FIFA le dio un “premio de la paz” a Donald Trump y que la pausa de hidratación adultera el juego para meter más publis. Sé que el ICE puede merodear las entradas de los estadios y que Panini se está forrando con el álbum más enciclopédico de la historia, donde además no está Neymar.
La cuestión es que el fútbol, para millones de personas, es la “cosa” más importante de lo que no es importante y que además calza a la vida como un guante. Tenía pensadas unas cuentas metáforas aquí para tratar de convencerles, pero mejor citaré al gran Alfonso Cortez y su último artículo Desde la línea de cal:
“El fútbol sigue siendo una de las formas más sinceras que tenemos para hablar de la vida. No porque el fútbol explique la existencia, sino porque alrededor de una pelota aparecen, sin maquillaje, muchas de nuestras emociones más humanas: la esperanza, la frustración, la nostalgia, el miedo al fracaso, la amistad, el paso del tiempo y esa obstinación absurda —aunque hermosa— de seguir jugando incluso cuando el marcador está en contra”.
Solo le añadiría una cosa: la geopolítica. En medio de la incertidumbre global, se retiran (se supone) las dos grandes leyendas – del fútbol y su mercadotecnia – de las últimas dos décadas: Messi y Cristiano, o lo que es lo mismo, la metáfora interminable del talento vs el esfuerzo, para abrir paso a un nuevo orden que aun apenas se percibe, pero que será inevitable (salvo que Ibai y Piqué rompan la rueda e impongan esa payasada de la Kings League para todos).
Así que si ustedes aceptan esta invitación para compartir – como Villoro y Caparrós en 2022 – el “mayor evento futbolístico de la historia” desde nuestro acontecer boliviano solo nos quedarían dos cosas por acordar:
La primera es la dinámica de la porra: finalistas, decepción, revelación, balón de oro o todo al ganador. El premio se puede considerar en función de la región del plumilla enrolado en la aventura, por si al Erik le sigue faltando pollo.
La segunda sería poner el nombre al grupo de WhatsApp: Mundial EEUU 2026 es medio simple y mi hija dice que ahora se llevan nombres “random” como para darle vidilla; la Pluma y la Bola es difícil de recordar y se quedaría perdido al fondo del scroll; Goles con chuño medio que regionalista y Goles son Amores ya está patentado; quizá Con Etcheverry no pasaba o Viru para rato.
Escucho sus propuestas.

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