Publicado en El Deber el 26 de mayo de 2017

Llegué a la literatura de Haruki Murakami de pura casualidad. Un atardecer, a finales de 2011, mientras trotaba por las calles de Santiago, e iba hilvanando las historias de mi libro sobre running, divisé en la vitrina de una librería una portada en la que se veía un corredor de espaldas –sin camisa– trotando sobre un largo sendero. Era la típica tapa negra de Tusquets con una gran fotografía y arriba, en letras blancas, De qué hablo cuando hablo de correr (2010). Esa idea era la que yo venía explorando cuando escribía Crónicas de fondo (2015): una suerte de catarsis y buceo en mi memoria a la pesca de recuerdos, emociones y búsqueda de respuestas personales. Murakami reflexiona sobre la influencia que el correr ejerció en su vida y obra, y permite que los lectores ingresen a su íntimo universo, alejado de la exposición pública.

La lectura de este primer libro me llevó a Tokio blues (2011), que relata la historia de unos adolescentes que han vivido experiencias dolorosas –suicidio del mejor amigo– y enfrentan la encrucijada de cuál podría ser su futuro. La muerte y la fugacidad de la vida se exponen sin tapujos. Los personajes de la novela concluyen que no hay nada que puedan hacer para mitigar la tristeza, y deben cruzar el dolor esperando aprender algo de él, aunque nada de lo aprendido les sirva en el futuro frente a una nueva congoja.

Busqué luego su libro de relatos Hombres sin mujeres (2015), que ofrece siete historias en torno a la soledad que precede o sigue a una relación amorosa. Las verdaderas protagonistas son misteriosas mujeres que irrumpen en la vida de estos hombres para luego desaparecer y sumergirlos en la desolación. Después fue el turno de Baila, baila, baila (2012), una oscura y larga novela de casi 500 páginas, a cuyo protagonista no se le conoce nombre y se mueve en escenarios surrealistas, donde aparece incluso un inverosímil hombre-carnero.

Cuando parecía que disminuía el tamaño de mi pila de libros en espera, se me cruzó la última obra de este japonés, maratonista y apasionado por la música: De qué hablo cuando hablo de escribir (2017), que es quizás su libro más íntimo, en el que podemos descubrir la experiencia de su proceso creativo, sus lecturas y hábitos. En este ensayo literario, Murakami nos confiesa el azaroso inicio de su carrera, su opinión de los premios y la crítica, la selección de sus temas y la construcción de sus personajes. Expone su rutina diaria –alejada del estereotipo del artista de vida caótica y bohemia– y revela su carácter obstinado y disciplinado que le ha permitido dedicarse al oficio de escribir por más de 35 años.

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