Publicado en El Deber el 9 de junio de 2017

Si esta columna periodística tuviera menos de los 2.500 caracteres que, encarecidamente, me han pedido que tenga, habría la necesidad de subirme a la jerga particular del lenguaje de los actuales soportes de la comunicación y explayarme con abreviaturas y expresiones propias de esta era para exponer mis ideas. Las nuevas formas discursivas surgen de la yuxtaposición de los códigos juveniles con la exigencia de brevedad e inmediatez de las nuevas tecnologías de nuestro tiempo.

Los jóvenes ‘deforman’ lúdicamente las palabras, usan sus propias abreviaciones, incorporan extranjerismos, inventan vocablos y resignifican muchos términos. No existen signos de apertura para interrogación o admiración, se suprimen o modifican consonantes, pueden faltar vocales y las mayúsculas y el punto son totalmente prescindibles. El extremo es incluir simbolismos y cierto grado de iconicidad en los mensajes, por ejemplo: ‘salu2’ o “:)” para simular una sonrisa. La forma (ortografía, gramática o sintaxis) es víctima del objetivo (comunicación concisa).

El especial ‘argot’ que se usa actualmente es contextual. Es decir, responde a las necesidades comunicativas instantáneas y en la menor cantidad de caracteres por espacio posibles. Estas formas se utilizan para el servicio no solo de mensajes de texto SMS (Short Message Service) de los teléfonos móviles, sino también para el Messenger (mensajería oficial de Facebook) y para otras redes como Twitter, WhatsApp y un largo etcétera.

No conozco trabajos de campo ni estadísticas fehacientes acerca de la influencia de las nuevas tecnologías en los ‘horrores’ ortográficos y de expresión escrita en los adolescentes y jóvenes, tampoco la confirmación de la hipótesis de que habría un empobrecimiento del castellano por esta causa. La irrefutable realidad es que al construir y comentar blogs, participar en foros, ‘postear’ y opinar en Twitter o Facebook, entre otros espacios de información y comunicación, esta generación escribe y lee mucho más que otras generaciones pasadas.

En la acera opuesta, los no tan jóvenes podemos tener errores de interpretación y quedar desconcertados frente a algunos originales e ilegibles códigos. Sin embargo, siempre nos quedará la posibilidad de contestar con un ‘XD’ y ser entendidos; sorprender con un IOMW (I’m on my way); abusar del acrónimo LOL (Laughing out loud) para ser ‘cool’; acudir al viejo ‘OMG’ (Oh my God!) cuando quieran tomarnos el pelo; y si somos más osados, al expresivo y contundente ‘WTF’, que no traduciré 😉

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