Publicado en El Deber el 12 de mayo de 2017

El año pasado leí una fascinante novela sin ficción saturada de la propia ficción puesta por el personaje retratado. El personaje era un octogenario sindicalista barcelonés que, a lo largo de casi tres décadas, se había hecho pasar por deportado en la Alemania de Hitler y sobreviviente de los campos nazis. Durante tres años presidió la asociación española de supervivientes y pronunció centenares de conferencias y concedió decenas de entrevistas en nombre de todos sus supuestos compañeros de desdicha, hasta que se descubrió que nunca fue deportado y que tampoco fue prisionero en la II Guerra Mundial.

El libro se titula El impostor, del español Javier Cercas, cuya obra es fundamentalmente narrativa y se caracteriza por hacer uso de la novela testimonio y la mezcla de crónica y ensayo con ficción.

En este lado del charco tenemos también a un personaje parecido que justifica sus mentiras y alimenta su vanidad con afirmaciones claramente alejadas de la verdad. En alguna ocasión declaró: “A los 13 años comencé leyendo a Engels y Kant, y a los 15 ya había terminado los tres tomos de El Capital”. En otra entrevista reveló que ya había leído “por lo menos veinte mil libros”. Hasta hace muy poco, y luego de que se descubriera la impostura, se adjudicaba un título universitario –que nunca obtuvo–, que le permitió dar cátedra sin cumplir los requisitos mínimos para esos menesteres. Su propio paso por la guerrilla ha sido cuestionado, y condimentado por jocosas anécdotas, por quien fuera el verdadero líder de ese movimiento indigenista. Después de leer esta magnífica obra –un tratado de la mentira–, me he preguntado: ¿por qué mentimos? Los sicólogos dicen que la gente miente para quedar bien, para excusarse, para obtener lo que se quiere, por temor al rechazo o para dar una mejor imagen de nosotros mismos. ¿Y qué hay detrás de una mentira? ¿Baja autoestima, inseguridad, vergüenza, miedo o simple y llanamente un deseo de manipular al otro?

El español tiene muchos sinónimos para impostor: embaucador, charlatán, embustero, farsante, tramposo, falaz, mentiroso o timador. Sin embargo, hay un bolivianismo que es insuperable si se lo compara con cualquier término castellano. Un trabajo del académico de la lengua Raúl Rivadeneira Prada dice: “Pajpaco es el vendedor callejero que ofrece pociones medicinales y otros objetos con aspaviento de sus falsas virtudes”. Quisiera creer que el personaje de Cercas y el nuestro no se parecen. Sin embargo, las mentiras compulsivas, repetidas y sin escrúpulos no me permiten afirmar que nuestro pajpaco ‘otra clase está’.

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