Publicado el 3 de febrero de 2017

A raíz de unas solicitudes de amistad de perfiles medio “raros” en mi cuenta de Facebook entrevisté a periodistas y gente experta en el tema para entender cuál es el propósito de estas peticiones de contacto virtual. Los testimonios me permitieron conocer sospechas sobre un entramado de observación, fisgoneo, control y seguimiento que el poder político, en todas sus instancias (nacional, departamental y municipal), podría estar haciendo a quienes ellos considerarían generadores de corriente de opinión o potenciales “influencers” (personas que cuentan con cierta credibilidad sobre un determinado tópico y que por su influencia y gran presencia en las redes se convierten en prescriptores de opiniones, consejos y conocimientos).

Uno de mis entrevistados sostiene que existirían centros de monitoreo, que además de hacer seguimiento a los medios de comunicación tradicionales, ahora también estarían haciéndolo en las redes sociales. A través de perfiles falsos tendrían participación en las discusiones y opiniones de los foros virtuales que se forman alrededor de temas de actualidad. En la jerga del internet se los conoce como monos alados (flying monkeys), término que proviene de la historia de El Mago de Oz. En esa película de 1939, considerada de culto, la bruja mala utiliza un ejército de monos voladores para ser asistida cuando quiere impedir que el personaje principal le arrebate la escoba con poderes mágicos.

Otro de mis consultados sostiene que este “ejército alado” no solo hace seguimiento, sino también busca confundir, distraer y desviar la atención de los participantes, en función de intereses específicos de quien los contrata. En casos extremos, se convierten en un troll, que es la denominación que describe a una persona que publica mensajes provocadores o irrelevantes en una comunidad en línea, con la intención de molestar o provocar respuestas emocionales negativas, alterando el curso de la conversación. Se ha dado también casos en los cuales estos oscuros personajes montan una campaña viral de desprestigio, difamación y calumnias para menoscabar la credibilidad de una fuente (persona o institución).

Antes que la imposición de una regulación externa, la autoregulación debería ser la respuesta para evitar extremos perniciosos. Aprender a convivir en este nuevo entorno social virtual y alfabetizarse digitalmente nos hace menos vulnerables. Una experta en el tema sostiene que la mejor forma de neutralizar y blindarse frente a los riesgos del uso malicioso de las nuevas tecnologías es -como casi todo en la vida-, a través de la educación.

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