Publicado en El Deber el 21 de octubre de 2016

Aprovechando una corta visita a la costa oeste norteamericana, y evitando contaminarme con lo que difunden los medios de comunicación, decidí conversar con la gente común para escuchar opiniones sobre los candidatos a la presidencia de EE.UU. A pesar de mi insistencia por recabar información de ambos contendientes por igual, la gran mayoría de respuestas se centraron sobre el personaje del jopo naranja y manos pequeñas que viene haciendo declaraciones sorprendentes y políticamente incorrectas desde el inicio mismo de su campaña.

Las voces que reproduzco pertenecen a una diversa y múltiple variedad de fuentes (taxistas, garzones, recepcionistas, mucamas, amantes del rock, choferes de bus, vendedores de tiendas, boleteros de teatros, profesores universitarios, estudiantes, jubilados, emigrantes latinos, rednecks) de esta nación de diferentes culturas, razas y religiones que combinados han formado una sociedad multiétnica conocida como crisol de razas o melting pot.

De Hillary se dice que es un halcón que representa a los viejos y tradicionales políticos, con todo lo bueno y malo que eso significa. Sus más de treinta años en el servicio público la hacen una conocedora, tanto de las políticas internas como externas. Su propuesta electoral es racional y previsible, pero hay aspectos de su pasado personal que generan desconfianza en el votante.

Su apuesta está centrada en sectores progresistas de centro izquierda (sindicatos, intelectuales liberales, población de color, hispanos) y enfrenta el desafío de seducir al tradicional votante blanco de clase media, conservador y tradicionalmente republicano. La condición de género, que desde afuera parecería ser una variable a considerar -ser la primera mujer a cargo de la oficina oval-, es irrelevante en el sentir del ciudadano común.

Por el otro lado, el rosario de adjetivos que describen al magnate de la construcción es muy parecido a la letra de una canción de despecho: narcisista, cínico, egocéntrico, demagogo, populista, misógino, acosador, machista, xenófobo, racista, homofóbico, evasor, mentiroso compulsivo, payaso, fascista, autoritario, arrogante, soberbio, manipulador, ignorante jactancioso, engreído, insensato, megalómano con delirios de grandeza y comportamiento de un torpe “fraternity boy”.

Sus seguidores, de la llamada supremacía blanca, no necesariamente están de acuerdo con él, con su ego y sus prejuicios. Sin embargo, votarían a su favor porque representa los sentimientos de una gran masa de votantes blancos masculinos que se sienten cada vez más ignorados. Es un voto protesta y de apoyo a un caudillo antiglobalizador y nacionalista a ultranza.

Este profeta apocalíptico no ha dicho que hubiese visto a nadie encarnado en un pajarito que le habla, ni que el sol se oscurecerá y todo será tristeza si no lo eligen. Pero, ha dicho cosas parecidas. Su impresentable y demagógica candidatura expresa una profunda crisis del sistema de representación de los partidos políticos y de una institucionalidad caduca que necesita un remezón.

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