Publicado en El Deber el 4 de agosto de 2017

En este agosto, que la patria cumplirá 192 años, me pareció interesante conocer la visión de un chileno sobre la educación en Bolivia. Pero, no la de cualquiera, sino la perspectiva de un peluquero chileno que llegó hace 27 años y que ha pasado más de la mitad de su vida en nuestro suelo. Así como a las diseñadoras no les gusta que les digan costureras, a este tampoco le gusta que lo llamen peluquero. “Ellos andan de blanco, yo me visto mejor que mis clientes, soy un estilista”, afirma, con un aflautado acento chileno. Tiene, además, otras dos cualidades que lo hacen único: es un eximio guitarrista que ejercita tres horas diarias, usando la técnica del flamenco para hacer su propia música. Y es también un ávido lector, tanto así que, junto a sus tijeras y peines frente al espejo, es muy común encontrar libros de Wilde o Nietzsche para ser leídos, entre corte y corte.

Este peculiar personaje repite una frase, cuya autoría nadie recuerda: “En este país pasa de todo y no pasa nada”, para referirse a los supuestos cambios de los que ha sido testigo en estas décadas. “En casi dos siglos de vida, el Estado boliviano no tiene respuestas aceptables que garanticen el goce a los dos principales derechos fundamentales de sus ciudadanos: salud y educación. La escuela pública sigue siendo mediocre y forma supuestos bachilleres en humanidades que apenas pueden leer y escribir. Los centros de salud –continúa el estilista- son hospitales de guerra, con pacientes en los pasillos, cuyo personal hace malabares para paliar enfermedades y sortear muertes evitables”.

Estamos al margen de las mediciones internacionales, y rehuimos a compararnos con otros para apreciar los progresos o retrocesos. En educación, estamos ausentes de las pruebas de aprendizaje estudiantil y evaluación de los factores asociados a los logros educativos. No aplicamos las pruebas PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) de la OCDE, “donde Chile, en Latinoamérica, es el mejor evaluado”, asevera mi interlocutor. Los miembros de la Unesco tienen en el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación un instrumento clave para el monitoreo y seguimiento, y nuestro país, inexplicablemente, está al margen de ese indispensable espejo.

Los resultados de estos estudios serían de enorme utilidad para definir políticas públicas y orientar las reformas pedagógicas y mejorar la calidad educativa. Sin información es imposible evaluar. Entretanto, ¿le tendremos que dar crédito a una ‘charla de peluquero’, y encima, chileno?

2 comentarios sobre “Charlas de peluquero

  1. el estilista tiene lo que le falta a nuestros gobernantes: sentido común y de desarrollo humano, de los puntos que el comenta diciendo: en este país pasa de todo y no pasa nada, yo tengo al respecto un ensayo donde me remito a la frase de Bertolt Brecht: Lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer: http://claudiavaca.org/?p=515 aquí te paso la lectura…en fin, los ciudadanos tenemos trabajo para cuidar la democracia y ver qué hacemos con nuestra educación y salud…mientras tanto a leer y hacer lo que está a nuestro alcance. Abrazos Alfonso, disfruto leerte!

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