A raíz del vendaval de críticas por la última canción de Los Kjarkas —machista y misógina, por donde se la vea—, un inquieto sobrino me envió un listado de canciones que incluyen las que más se escuchan en sus fiestas, confraternizaciones y reuniones de jóvenes. Confieso que no había escuchado ninguna, así que me puse a la tarea de buscar en YouTube los videos oficiales y tomar apuntes de sus letras. Un artículo tan corto no me permitiría hacer un análisis discursivo de las líricas anotadas. Sin embargo, creo que sería un muy interesante tema para una tesis de grado de Comunicación Social.
A diferencia de la literatura, el cine, la pintura y otras expresiones artísticas, que han merecido teorizaciones académicas, la música parece haberse quedado en segundo plano —así, como de fondo—, aunque su injerencia social sea, comparativamente, mayor que cualquiera de las otras manifestaciones. Las letras de las canciones populares son discursos que se desarrollan en el universo social de una época determinada y que, a su vez, retroalimentan la identidad social de las personas y sus relaciones.
Si, por alguna mágica y extraordinaria casualidad, un extraterrestre captara las señales radiales y televisivas de lo que los jóvenes terrícolas latinoamericanos escuchan en la actualidad —sin ninguna duda—, los ritmos de Maluma y Bad Bunny serían una ‘selecta’ muestra del vasto universo musical de este planeta.
Y como supongo que el desarrollo tecnológico alienígena les permitiría traducir a su idioma las letras de este par de especímenes, esto es más o menos, lo que se llevarían para el análisis, fruto de la inspiración de Maluma: “Ya no sé qué hacer / No sé con cuál quedarme / Todas saben en la cama maltratarme / Me tienen bien, de sexo me tienen bien / Estoy enamorado de cuatro babies / Siempre me dan lo que quiero / Chingan cuando yo les digo / Ninguna me pone pero / Dos son casadas / Hay una soltera / La otra medio psycho y si no la llamo se desespera (…) La primera se desespera / Se encojona si se lo hecho afuera / La segunda tiene la funda / Y me paga pa’ que se lo hunda / La tercera me quita el estrés / Polvos corridos, siempre echamos tres / A la cuenta de una le bajo la luna / Pero ella quiere con Maluma y conmigo a la vez”. El otro —Bad Bunny— tampoco se queda atrás en la poesía: “Salí jodido la última vez que en alguien yo confié / Me compré una forty y a Cupido se la vacíe / No me vuelvo a enamorar, no / No me vuelvo a enamorar / Sigue tu camino que sin ti me va mejor / Ahora tengo otras que me lo hacen mejor / Si antes yo era un hijue’puta ahora soy peor (…) Ahora hago todo lo que quiero / Solo pienso en mí primero yeah / Tirando billetes adentro del putero / Pa’l carajo el amor verdadero / Yo solo pienso en hacer dinero / Baby lo nuestro ya descansa en paz / Me importa un carajo con quién te vas / Dile a tu mai’ que ya no me hace falta / Que ahora tengo suegras de más / Tengo la blanquita que me hace el lap dance…”.
Las letras de las canciones constituyen en sí discursos sociales. Las líricas describen desde prácticas culturales y hábitos de época, hasta generalidades que radiografían una colectividad y nos dan una visión de sus intereses e imaginarios.
Sin temor a equivocarme, ese ser de otro planeta, conociendo a estas y otras ‘estrellas’ en nuestra galaxia, jamás se le ocurriría aterrizar su nave por estos lares.

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