Publicado el viernes 6 de julio de 2018 en El Deber

El Video Assistant Referee (VAR), una de las grandes novedades del mundial de fútbol Rusia 2018 —entre otras cosas—, hizo que a los 92 minutos de juego, y luego de una consulta a la caseta del videoarbitraje, el juez central convalide un gol a favor de Corea del Sur y saque del certamen a Alemania, último campeón mundial y candidato a revalidar el título. Esta decisión, sin este sistema colegiado y apoyado por última tecnología de la imagen, no se hubiera dado si —como antes—, todo dependiera de la autoridad absoluta del árbitro del partido. El peso de la camiseta, la tradición futbolística del país campeón del mundo, e inclusive las presiones de los poderosos de siempre, no alcanzaron para rebatir una imagen que no dejaba lugar a dudas. El VAR resta capacidad de decisión y poder sobre el juego a un trío de árbitros y la velocidad de sus ojos o juicios sobre la marcha.

Este nuevo sistema ha permitido batir el récord de penaltis marcados en un Mundial, y de evitar otros —como el que quiso fabricar Neymar—, al simular una falta en el área chica de Costa Rica. Un informe de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado) señala que el uso de la tecnología de video en el arbitraje elevó al 99,3 por ciento el acierto en las decisiones de los jueces durante la primera fase del Mundial. “Sin la utilización del VAR, el porcentaje de decisiones correctas se habría quedado en el 95 por ciento”, declaró el jefe de la comisión de árbitros de la FIFA.

Se acabaron figuras retóricas como la “mano de dios“ que justificaba tocar el balón con la mano y marcar un gol; o las “zambullidas a la piscina” para simular una falta y conseguir un penal definitorio. La aplicación de esta tecnología no va a eludir las sabrosas e interminables polémicas entre los hinchas, pero hará del fútbol un deporte más justo y potenciará el papel de los futbolistas, enterrando el victimismo y fortaleciendo la meritocracia. El fútbol se comienza a parecer al tradicional juego de cacho: lo que se ve, se anota.

En el andamiaje jurídico boliviano, el Tribunal Constitucional de Bolivia (TCP) que es el órgano que ejerce el control concentrado de constitucionalidad en el país, vendría a ser como el árbitro de un partido. Este tribunal ha emitido un controversial fallo a favor de las intenciones del actual mandatario a buscar su reelección las veces que quiera, declarando “inconstitucionales” los artículos de la ley electoral que limitaban a dos, la cantidad de periodos continuos que puede tener cualquier autoridad boliviana elegida por voto popular.

Para ponerlo en términos futbolísticos —que parece ser el lenguaje que se habla en plaza Murillo, además del inglés últimamente—, si la FIFA le presta el VAR al Estado, la imagen irrefutable —en cámara lenta, y cuadro por cuadro— que se vería en la pantalla seria el NO del referéndum constitucional del domingo 21 de febrero de 2016, como respuesta a la pregunta al pueblo: “¿Usted está de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la presidenta o presidente y la vicepresidenta o vicepresidente del Estado puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua?

¿Se anotará lo que se ve, o nos tendremos que quejar a la FIFA, presidente?

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