Publicado el viernes 27 de julio de 2018 en El Deber

El presidente Morales, autoproclamado “amante del fútbol”, no se ha perdido ni un solo campeonato mundial desde que está en el poder. En junio de 2010, estuvo en Johannesburgo, Sudáfrica, para supuestamente “concretar acuerdos bilaterales con el presidente, Jacob Zuma, y otros líderes africanos”, y de paso, asistir al partido inaugural entre las selecciones de Sudáfrica y México. En junio de 2014, visitó a su homóloga brasileña, Dilma Rousseff, y fue a San Pablo a ver la inauguración de la copa mundial y regresar de inmediato, porque la Cumbre del G77+China estaba a punto de comenzar. El 2018 —no podía ser la excepción—, nuestro presidente futbolero fue uno de los pocos mandatarios que acompañó a Putin en el estadio Luzhniki de Moscú. La cancillería justificó este último viaje señalando que “se tratarían temas trascendentes en materia comercial y migratoria”. Un detalle —no menor—, es que nuestro seleccionado no ha jugado en ninguno de los mundiales en los que Morales estuvo presente.

Después de leer y releer las declaraciones públicas del presidente que afirma que “por falta de orientación no se invirtió en la construcción de hospitales”, creo haber encontrado el lenguaje adecuado para que, en la recta final de su largo gobierno —14 años hasta el 22 de enero de 2020, ni un día más y ni un día menos—, pueda ajustar los presupuestos y reorientar las inversiones públicas.

Presidente, aunque parezca una perogrullada de la fuente inagotable de un popular periodista deportivo de nuestro medio, “un partido de fútbol se gana con goles”. Y los goles, en la gestión pública, se los convierte cuando la prioridad en la inversión la tiene el sector social. En función de una planificación estatal —en coordinación con gobernaciones y municipios, así sean éstos administrados por la oposición—, se debe destinar la mayor cantidad de recursos para financiar la educación preescolar, primaria y secundaria; y la salud, en especial la atención de la niñez. Un gol de media cancha —así sea el único que se haga—, es promover la igualdad de oportunidades mediante una oferta estatal, eficiente y eficaz, de los dos servicios públicos fundamentales: educación y salud. En ambos sectores —para seguir metiendo goles—, se debe distinguir lo que es la inversión en infraestructura y el gasto corriente. Si se construye una escuela, se debe prever el gasto en maestros, materiales, mantenimiento y otros. Un hospital debe tener un presupuesto para médicos, personal sanitario, equipos, etcétera. Esa estrategia le permitirá asegurar el resultado hasta el final del partido.

El director técnico y campeón mundial, César Luis Menotti, decía: “el fútbol se basa en tres cosas: espacio, tiempo y engaño”. Poseer la pelota abre la posibilidad al engaño, a encontrar los espacios y administrar los tiempos. Usted, presidente, tiene la pelota hasta enero de 2020. La manera en cómo rearmará su equipo, cómo lo parará en cancha, y quién administrará los tiempos y recursos, serán clave para encontrar los espacios que permitan que nuestro país pueda convertir los goles que tanta falta nos hacen. Su larga experiencia en mundiales deben haberlo nutrido con nuevos conocimientos sobre tácticas y estrategias que —con seguridad— le ayudarán a llevarnos a un mundial donde participan los países que han sabido priorizar sus inversiones, en función de las necesidades de su gente.

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