Publicado el viernes 24 de agosto de 2018 en El Deber

Un asalto —atribuido a migrantes venezolanos—, provocó que los residentes de la ciudad fronteriza de Pacaraima —norte de Brasil—, tomen represalias arrojando piedras y quemando las escasas pertenencias de estos inmigrantes. Cada día cruzan esa frontera 800 venezolanos en busca de alimentos y trabajo. El gobierno del estado de Roraima estima que ya son más de 50.000 los refugiados que duermen en albergues o a la intemperie, en carpas, plazas y calles.

Según un informe del Organismo Internacional para las Migraciones (OIM), dependiente de Naciones Unidas, entre el 2015 y 2017 se habrían otorgado más de 300 mil permisos de residencia (temporales y permanentes) a personas de nacionalidad venezolana a través de herramientas normativas migratorias, dentro de Sudamérica. Tradicionalmente, la dinámica migratoria de nuestro continente fue extra-regional, teniendo a España y a Estados Unidos como sus principales destinos. Sin embargo, el vertiginoso deterioro de la economía y condiciones de vida en la autocrática y populista República Bolivariana de Venezuela, ha cambiado ese patrón de flujos migratorios. Los datos oficiales —que distan mucho de la realidad, debido a la poca rigurosidad en los controles fronterizos—, señalan que Colombia, Ecuador, Brasil, Panamá, Argentina, Perú y Chile son también ahora receptores de una gran cantidad de migrantes venezolanos.

Según la OIM, en 2017, más de un millón y medio de venezolanos —oficialmente— habrían salido de su país en busca de nuevos horizontes. En esta cifra no están incluidos los refugiados, ni los solicitantes de asilo. Es difícil cuantificar la verdadera totalidad de personas que han salido de ese país debido a las migraciones irregulares, así como a la población en tránsito, en vastas zonas fronterizas y sin control migratorio. Colombia sigue siendo el principal destino dentro del continente, con más de 600 mil emigrantes en 2017, y como puente hacia terceros países. La ciudad de Weston, ubicada a casi 60 kilómetros al noroeste de Miami en Estados Unidos, es conocida por “Westonzuela”, por la gran cantidad de venezolanos que han llegado en los últimos años.

Recientemente, Ecuador ha comenzado a exigir pasaportes a los venezolanos, como un freno ante la inmensa ola migratoria. Antes, la sola presentación de la cédula de identidad, era suficiente para la circulación en territorio ecuatoriano. Venezuela —por tradición e historia—, siempre fue una nación que recibió migrantes de todas partes, entre ellos, exilados bolivianos. Es paradójico comenzar a percibir medidas de control migratorio entre países latinoamericanos, que se quejaron siempre, de las engorrosas visas y complejas restricciones de acceso hacia países europeos o norteamericanos.

He podido entrevistar a residentes venezolanos en Bolivia, que trabajan en barberías y también en el sector petrolero. Según ellos, nuestro país no figura como un destino preferente, por dos razones: geográficamente, está muy lejos y cuesta mucho llegar por tierra. Y por otro lado, ideológicamente, nuestro gobierno está muy cerca de quienes provocaron el descalabro de uno de los países más ricos del mundo. Según palabras textuales: “el discurso oficialista boliviano se asemeja al del finado Chávez. Nadie buscaría un destino parecido del que se está escapando”.

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