Publicado en El Deber el viernes 19 de julio de 2019

Quienes fuimos niños a finales de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado, crecimos en medio de la denominada “Carrera Espacial” de las dos grandes potencias, que llevaron la Guerra Fría hacia el espacio exterior y convirtieron la conquista de la luna en una bandera del progreso y un alarde de su desarrollo tecnológico y científico. Han pasado 50 años desde el 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong pronunció la muy bien preparada frase: “es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”, y aquellas hazañas y aventuras espaciales fueron apenas un gran logro propagandístico. Sin embargo, los infantes de esa generación nunca pudimos sacarnos el traje espacial, y en algunos casos extremos, hemos permanecido en la luna.

Desde ese estado de ensoñación y evocando el medio siglo del viaje de conquista que inundó mis sueños infantiles, quiero recordar ahora una leyenda urbana —muchas veces desmentida—, que tiene tantos seguidores como aquellos que creen que fue Kubrick quien filmó, en la Tierra, la supuesta llegada del hombre a nuestro único satélite natural: entre los muchos comentarios y frases sueltas que Armstrong pronunció mientras caminaba por el suelo lunar, y justo antes de volver a la cápsula donde su compañero, Michael Collins, lo esperaba, dicen que murmuró (y estaría grabado): “Good luck, Mr. Gorsky!” (¡Buena suerte, señor Gorsky!).

Esa enigmática frase produjo muchas especulaciones y teorías. Gente de la NASA pensó que estaba haciendo referencia a algún cosmonauta soviético, rival en esta carrera. Otros, insinuaron que era parte de un lenguaje encriptado para no revelar lo que podría haber encontrado. Los más susceptibles y patriotas, llegaron incluso a especular que podría ser un mensaje de contraespionaje. Al retorno a Tierra, en muchas ocasiones, el astronauta fue interrogado con relación al significado de su comentario, y él se limitaba siempre a sonreír, sin decir nada.

Después de veintiséis años -en la ronda de preguntas- luego de pronunciar un discurso, un periodista insistió con el cuestionamiento. Esta vez, Neil Armstrong, señalando que todos los protagonistas habían muerto, y ni siquiera había descendencia, sintió que finalmente podría aclarar su frase: “cuando era niño estaba jugando béisbol con mi hermano en el patio trasero de nuestra casa. Éste golpeó la bola con tanta fuerza que la hizo aterrizar enfrente de la ventana del dormitorio de nuestros vecinos: el señor y la señora Gorsky. Corrí hacia allá y cuando me inclinaba a recoger la bola, escuché que la señora Gorsky le gritaba a su marido: ¡¿sexo oral?!, tendrás sexo oral cuando el chico de nuestros vecinos se pasee por la luna”.

Se ha conocido que todo fue producto de la imaginación de un cómico (fallecido trágicamente) que introdujo la supuesta anécdota dentro de un espectáculo de humor. El primer hombre que paseó en la luna y los Gorsky han muerto, solo quedamos vivos los “niños espaciales” y algunos que creen que la tierra es plana y que el hombre jamás alunizó. Sin embargo, yo que todavía alucino, quiero creer que mi ídolo de infancia, en un momento histórico —sublime, diríamos—, flotando y saltando como un niño jugando al beisbol, se acordó de la fantasía sexual y, mirando el planeta azul desde la luna, le deseó suerte a su vecino, porque las promesas deben cumplirse.

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