Publicado en El Deber el viernes 15 de noviembre de 2019

El gobierno constitucional de la presidente, Jeanine Añez, tiene tres grandes tareas que realizar en este período de transición: primero, pacificar el país, haciendo uso de todas las facultades que el cargo le otorga; segundo —junto al actual congreso—, designar vocales para un tribunal electoral imparcial; y finalmente, y a la brevedad posible, llamar a elecciones para elegir a los nuevos mandatarios y asambleístas de la gestión 2020-2025. Cumpliendo estos tres titánicos desafíos, Añez —la segunda mujer en Bolivia elegida presidente—, pasará a la historia con todos los honores.

El primer gran objetivo, está claramente siendo boicoteado por partidarios del MAS, que gritan a voz en cuello: “guerra civil”. Junto a estos, existen también mercenarios de la política que, sin ninguna convicción ideológica, reciben dinero a cambio de participar en hechos vandálicos. Hay suficientes pruebas audiovisuales, incluso listas de pagos, que evidencian este extremo. Como decía un amigo, para ponerlo en el lenguaje que Morales entiende: los masistas están “embarrando la cancha”, se están comportando como el futbolista callejero que se salta las reglas, discute, pelea y quiere llevarse o pinchar la pelota para que nadie juegue. Las fuerzas del orden deben cumplir lo que la constitución señala: garantizar la seguridad física de los ciudadanos y mantener el orden público. Hago votos para que esta tarea se cumpla sin enfrentamientos ni mayor derramamiento de sangre de compatriotas bolivianos.

El pueblo salió a las calles porque, en dos oportunidades (21F y 20-O), su voto en las urnas no fue respetado. La gran indignación, frente a un monumental fraude que ni la OEA ha podido encubrir, es la explicación de que millones de personas saliéramos pacíficamente a protestar. En las otras dos tareas del gobierno de Añez, se podrá ver la grandeza o la mezquindad de los asambleístas del MAS, que son mayoría en el actual congreso. Finalmente, ese partido se juega su futuro en estas negociaciones. El país necesita un tribunal confiable que pueda administrar los futuros procesos electorales, en los que el MAS tiene todo el derecho de participar, con candidatos consentidos por la constitución, que el propio MAS redactó.

Las labores administrativas y de gestión gubernamental deberían seguir su curso de manera normal y de acuerdo a los planes de cada área del quehacer estatal. El nuevo equipo ministerial, de transición, deberá ser el encargado de vigilar que los recursos públicos se administren con honestidad y en función de los presupuestos aprobados. Añez no debería hacer grandes modificaciones a la estructura organizativa del actual aparato estatal. Es el próximo gobierno el que deberá encargarse de administrar el posevismo.

Si alguna enseñanza deja a los políticos “la revolución de las pititas” (ejemplar movimiento de resistencia pacífica en las calles) es que, nunca más nadie y bajo ninguna circunstancia, se podrá burlar de lo que el pueblo decida en las urnas. La indignación hizo que venzamos el miedo propagado machaconamente durante catorce largos años. Los ciudadanos, sus líderes cívicos, y una parte del periodismo comprometido con la democracia y la libertad, hemos demostrado que en veintiún días, con nuestras pititas y en arrulladora paz, somos capaces de vencer a la peor tiranía.

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