Publicado en El Deber el viernes 26 de febrero de 2021

Confieso que antes del panel “El arte importa” —convocado por Manzana 1—, entre los aspirantes a la alcaldía de Santa Cruz de la Sierra, no había visto ni escuchado a ninguno de ellos, salvo por los memes, tik toks y fragmentos de videos que circulan por redes sociales. Dos, de los tres que se supone tendrían mayor preferencia electoral, ni siquiera se presentaron. Aunque, uno de ellos, hizo el intento de conectarse y esto, como lo ha hecho antes, le permitirá decir que “quiso pero no pudo”. Algo así como que “no les digo que roben, pero saquen algo”.

El resto, hay que reconocerlo, tuvo la valentía de presentarse. Y es que hay que ser muy valiente para hablar de un libro del que no se ha leído ni las solapas. Algunos de ellos, con algo de ingenuidad; la mayoría, con mucha ignorancia; y los que ya estuvieron en el poder (local o nacional), con un cinismo y demagogia admirables. Los políticos (o por lo menos, estos que escuché) no le entienden al tema y se nota en sus respuestas. Esto explica la ausencia de una política municipal en este campo.

Una ciudad como Santa Cruz de la Sierra —que hoy cumple 460 años de vida—, no solo se merece, sino que necesita contar con un Plan Municipal de Culturas de largo aliento y gran alcance; una estructura organizativa que lo administre, desde una Secretaría de Culturas, que no esté disminuida y mimetizada en el área de Desarrollo Humano, entre medio de Educación, Juventud y Deportes; y un adecuado presupuesto, que garantice los recursos económicos y las personas especializadas para la sostenibilidad y la ejecución de lo planificado.

Un plan quinquenal, como parte de una política municipal, solo será posible y viable si nace desde espacios de diálogo y discusión con los propios actores de la gestión cultural e iniciativas ciudadanas vinculadas. Propondría amplias y democráticas jornadas culturales que permitan identificar las necesidades y demandas de los distintos sectores que hacen al ámbito cultural, y a través de procesos participativos y proactivos, determinar y legitimar los planes, programas y proyectos que el municipio cruceño deberá llevar adelante en el próximo lustro.

El gobierno municipal debe respaldar y promover el arte y la cultura regional, no solo a través de mejores asignaciones presupuestarias, sino con normativas que impulsen las actividades de artistas, cultores y gestores; ofrecer fondos concursables y de fomento, abiertos y transparentes; equipar los centros distritales con nutridas bibliotecas, amplia y gratuita conexión a Internet que aproveche la red de bibliotecas planetaria y una oferta de cursos y talleres de formación en las diversas manifestaciones artísticas; apoyar con incentivos y beneficios tributarios a espacios culturales independientes que, por la pandemia, están heridos de muerte.

La principal ciudad del país debe también preocuparse por su memoria y preservación histórica. Es necesario que el municipio vele por su patrimonio arquitectónico, por la gastronomía regional y por el rescate del habla y las costumbres populares.En una urbe como la nuestra, es necesario promover la gestión cultural participativa y descentralizada, en corresponsabilidad con la sociedad civil, que pueda llegar con actividades y formación a todos los barrios de la metrópoli, y no solo al centro histórico. Sin embargo, dada la precaria y frágil situación de este espacio urbano, el casco viejo precisa de un plan de salvataje antes de su desmoronamiento y destrucción. No alcanza con decir “estos espacios muertos se los damos a la cultura”.

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