Pip: En un país donde todo parece exigir reacción inmediata, alguien se ha sentado a leer filosofía. Hay que tenerlos bien puestos.

Mara: Alfonso Cortez nos lleva esta semana al territorio más incómodo del momento: qué significa pensar de verdad cuando el ruido se ha convertido en el sistema operativo de nuestra época. Empecemos.

Pensar en tiempos de ruido

Pip: El arranque de este texto sitúa el problema con precisión: Bolivia en convulsión, marchas, bloqueos, incertidumbre económica, y en medio de todo eso, alguien que decide leer a Byung-Chul Han. La pregunta que abre el texto es si todavía es posible pensar cuando el mundo entero parece un televisor encendido en todos los canales.

Mara: El libro en cuestión es "Sobre Dios. Pensar con Simone Weil", y la descripción del momento en que llega a sus manos lo dice todo: "el mundo parece un televisor encendido en todos los canales al mismo tiempo: protestas, bloqueos, enfrentamientos, incertidumbre económica, discursos incendiarios y una sociedad entera con el sistema nervioso en modo alarma."

Pip: Lo que eso subraya no es solo el contexto boliviano. Es el diagnóstico de fondo: vivimos en hiperestimulación permanente, y Han lo convierte en argumento filosófico. No estamos cansados; estamos fragmentados. Hay una diferencia importante entre las dos cosas.

Mara: Y la clave está en cómo Han usa a Simone Weil para articular esa diferencia. Weil sostenía que la atención absoluta era una forma de oración, no en sentido estrictamente religioso, sino como capacidad de permanecer frente al otro, frente al dolor, sin huir hacia la distracción. Han retoma esa idea para lanzar una crítica directa: la sociedad actual ya no reprime, seduce, distrae y agota.

Pip: Lo que a mí me parece el giro más honesto del texto es cuando admite que subrayaba párrafos enteros sin entender del todo qué acababa de subrayar. Eso es más confesión filosófica que la mayoría de los ensayos académicos.

Mara: Sí, y esa honestidad sostiene el argumento central: que el verdadero problema contemporáneo quizá no sea político ni económico, sino espiritual, usando la palabra, como él mismo aclara, en su sentido más humano. Hemos perdido profundidad. Todo debe ser inmediato, visible, compartible o viralizable.

Pip: Y termina con Han apuntando algo que no suena a optimismo fácil: la esperanza como resistencia frente al miedo, no como ingenuidad. El miedo estrecha el mundo; la esperanza vuelve a hacerlo habitable. En una Bolivia crispada, eso no es retórica. Es una apuesta concreta.

Mara: El texto cierra con una sensación que vale la pena nombrar: no la de haber entendido todo, sino la de haber sido acompañado en preguntas importantes. En tiempos donde sobran opinadores y faltan interlocutores, eso ya es algo.


Pip: Pensar despacio en tiempos de ruido. Prestar atención cuando todo empuja a reaccionar. No es poco.

Mara: La próxima entrega dirá si el silencio aguanta. Hasta entonces.

Deja un comentario