Rafael Sagárnaga

Publicado en El País el lunes 8 de junio de 2026

Queridos epistológrafos mundialeros,

quizás ando muy retro, pero si algo me parece cada vez más ofensivo, chocante, para el fútbol es la tecnología. Y lo que se han anunciado los organizadores del Mundial que está por iniciarse ya me parece cíbergrotesco. Se alista, por ejemplo, el uso de avatares 3D generados por Inteligencia Artificial (IA) para el VAR. O sea, el símbolo que los árbitros realizan cuando van a corregirse o ratificarse tendrá que ser ahora de un cubito. Lo grave resulta ese hípercontrol, sólo falta que les conecten polígrafos y luego endocrinógrafos para ver qué hormonas secretaron el momento de cada patada. 

Peor todavía, el balón prácticamente ha dejado de ser balón. Se llama Trionda y apuesto que el nombre lo creó algún miembro de la Secretaría de Guerra de EEUU. Personalmente no se lo pondría ni a los purgantes. La Adidas Trionda resulta la primera pelota de una copa mundial que será conectada a la electricidad antes de rodar por el césped. Es un “dispositivo inteligente”, conformado por un chip con sensores avanzados, llamado “Connected Ball Technology”. Se la considera una evolución tecnológica desarrollada para asistir a los sistemas arbitrales de la FIFA.

Adidas ha informado que este dizque balón “incorpora un acelerómetro y un giroscopio, capaces de registrar con precisión cada aceleración, rotación, velocidad e impacto. Este chip mide el movimiento a una frecuencia de 500 veces por segundo, ritmo que permite detectar incluso los contactos más sutiles con el balón. La información recogida por el sensor se transmite en tiempo real hacia antenas instaladas alrededor del estadio. Este flujo de datos constante es fundamental para el funcionamiento del sistema de fuera de juego semiautomatizado y el VAR”. Así los árbitros recibirán alertas instantáneas sobre goles, manos imperceptibles o situaciones críticas que el ojo humano, o incluso cámaras tradicionales, podrían pasar por alto.

Sumemos que hace algunos años se incorporaron esos brasieres con GPS que les rastrean a los futbolistas cada paso y cada respiro. Ya es mucho. O sea, sólo falta que les instalen tobilleras similares a las de reos y micrófonos dentales para que cuiden sus palabras. Y ojo, señores árbitros, que al parecer sus días empiezan a estar contados. Nada raro que para la siguiente copa se estrene el “Palantir Referee” a prueba de los peores insultos del público.  

Puede haber mil justificativos, desde supervisar la salud de los atletas hasta velar por el fair play y la justicia de los resultados. ¿Será? ¿Y si los dueños de los poderosos negocios de apuestas se dan modos para hackear tanto cíbercontrol? ¿Y si se desata una guerra híbrida más allá de las canchas? Más aún si le va bien, por ejemplo, a Irán. ¿Y si hasta, chips y nanocircuitos mediante, hacen que alguna pelota no doble o que Neymar se autolesione de a de veras?

Infantino no podrá hacerse al inocentino, la tecnología no es garantía de nada. Resulta nomás parte del negocio. Una parte incómoda para quienes saboreamos el fútbol en su esencia natural hace ya tantos años. ¡Menos controles técnicos, más humanidad, por favor! No importa si incluimos la mano maradoniana contra Inglaterra el 86, o “el gol fantasma” de los ingleses contra Alemania en la final del 66. Personalmente prefiero que los árbitros pequen de ingenuos, ciegos o de villanos a que la pelota sea manchada por unos mugrosos nanocircuitos. Porque, además, si hay algo que puede derrotar a la tecnología eso es la magia y más magia futbolera hay cuanto menos se apueste por el cientifismo. 

Allí incluyo, para empezar, los partidos del barrio donde la pelota y algunos botines resultaban los únicos productos más o menos industriales. El resto era cancha de tierra o de barro, mucho petricor, y a jugar hasta celebrar. O el sabor de las salidas heroicas donde se iniciaba la espera de la revancha, para gozar del fútbol otra vez. Y para finalizar, la ida a los estadios donde jugaban los grandes casi con lo mismo, salvo algo más de pasto, mejores cachos, y su consagrada calidad.

Y, como acápite, sumo todo lo que la imaginación añadía y creaba en los campeonatos de fútbol de tapitas, fútbol de autitos y futbolines de feria. Todo eso frente a esos estridentes y encandilantes cíberjuegos de fútbol que arruinan las columnas, los tímpanos y las retinas de los changos de hoy. Para nosotros, los retro, no son buenos tiempos tampoco para el fútbol, contaminado con tanta radiación, mega pixeles y Shakira como música de fondo. Sólo espero que la magia de algún virtuoso le haga dos gambetas a tanta tecnofarsa en este Mundial. 

Deja un comentario