Publicado en El Deber el 21 de julio de 2017

Las redes sociales son un entramado de diferentes individuos y organizaciones que se relacionan entre sí formando comunidades en diversas plataformas digitales y se han convertido en parte importante en nuestra vida diaria. El violento y trágico asalto de la semana pasada y la psicosis colectiva que se generó a raíz de los contenidos alarmistas y morbosos, que algunos usuarios difundieron en los diferentes medios, nos debe llevar a la reflexión del buen o mal uso que podemos hacer de estas tecnologías de comunicación instantánea. Ante situaciones de peligro latente, somos dados a creer y a difundir un rumor sin verificar o corroborar nada. En el caso citado, lo único cierto era el peligroso tiroteo en un determinado lugar de la ciudad. Lo de otros golpes delincuenciales, en simultáneo, era claramente una falsedad que podía develarse con un par de llamadas telefónicas y evitar su difusión para que no cunda el pánico. Como se ha dicho de otros avances científicos, antes que demonizar a estas nuevas herramientas de interacción social, debemos educarnos en su uso para aprovechar las múltiples ventajas que ofrecen y estar advertidos también de los riesgos a los que nos exponemos como usuarios. La velocidad de los cambios e innovaciones nos tienen a todos en un proceso de aprendizaje colectivo permanente.

El internet y, más recientemente, las redes sociales han trastocado las actividades humanas en casi todos sus aspectos. Incluso, el ‘oficio más antiguo del mundo’ no ha sido inmune a esta evolución, y ahora se desarrolla con características particulares que muestran su adaptación a los nuevos tiempos. Las expresiones, dichos, videos, ofertas y canciones de una sagaz y osada modelo local se han hecho virales, forman parte del vocabulario popular y la han convertido también en una celebridad de la farándula. Los medios televisivos, que en un primer momento no le prestaron atención, al ver la reacción del público y su creciente fama, la tienen de invitada especial para aprovechar la audiencia que su figura arrastra. Ya nadie puede dudar del potencial comunicativo y la presencia de las redes sociales en el quehacer cotidiano del ser humano de este siglo.

Urge una alfabetización digital de toda la sociedad para no solo saber interactuar con las nuevas tecnologías, sino discriminar la información relevante de la superflua, desarrollar capacidades para una decodificación crítica de los mensajes y contenidos que nos bombardean a través de múltiples fuentes virtuales, y que nos tienen a todos enredados.

 

 

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