Publicado en El Deber el 8 de septiembre de 2017

Los ejércitos de la coca es la crónica que Martín Caparrós incluyó en su libro Lacrónica que reúne una sorprendente muestra de un maestro de la práctica de este género. El libro es una selección comentada de lo mejor que el periodista argentino ha escrito a lo largo de 30 años.

La crónica en cuestión fue publicada en 1991 en la revista mensual Página/30 del periódico Página/12. Comienza, como el mismo autor sugiere que debe hacerse, concentrando la dosis suficiente de sorpresa, de interés, de intriga y de excitación: “Entré al Chapare acechando el ataque del mosquito asesino. El Aedes aegypti sigue ocupándose de que la fiebre amarilla sea epidemia en el valle, y la fiebre amarilla no se cura. Aunque, bien mirado, no estaba muy claro que los zancudos fueran más peligrosos que los hombres. Yo tenía dos salvoconductos, uno para los líderes campesinos de la zona roja, otro para el coronel a cargo de los Leopardos, pero no sabía cuánto valdrían los papeles en la selva de la coca”.

26 años después, quizás su párrafo inicial sería el mismo. Apenas necesitaría un salvoconducto provisto por el líder sindical, que ahora es presidente del Estado. Incluso la descripción que hace de él sigue vigente: “Morales habla como un militante, con ese lenguaje un poco cristalizado, trufado de clichés pese al acento de la puna. Es alto en una tierra de bajitos, con el pelo crinudo que le inunda los ojos y una sonrisa pícara, un poco socarrona (…) Nosotros producimos nuestra coca, la llevamos a los mercados primarios, la vendemos y ahí termina nuestra responsabilidad —dice Morales—. Sabemos que nuestra coca va al problema ilegal, pero estamos obligados a sobrevivir, y no tenemos otras fuentes -dice y no dice, pero insinúa, que tampoco le importa mucho si los americanos quieren drogarse con ella”, escribe Caparrós.

Ya se advertía de la creación de un “ejército que contrarreste los abusos del imperialismo”. Ese ejército existe, y hace décadas que ha conseguido que en el Chapare el Estado tenga limitado su control, además de los privilegios que otorga el poder: inversión irracional de recursos públicos, ampliación de áreas de cultivo y quitar la intangibilidad del Tipnis para construir una carretera. Como bien se señala: “no hay cultivo más rentable que la coca, que rinde casi sin cuidados cuatro cosechas anuales. No hay ningún otro que los compradores vengan a buscar a domicilio, en avionetas que trazan en el cielo los caminos inexistentes del Chapare”.

Concluida esta carretera, tendrán una autopista de exportación, añadiría yo, para actualizar la crónica.

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