Publicado en El Deber el 13 de octubre de 2017

En este mes, en el que se consagra un día especial para la mujer, sentí un deseo profundo de resaltar una realidad que, de tanto verla, nos parece natural y no llama la atención. Tuvo que ser una mujer, Lidia Gueiler, la primera y única presidenta de Bolivia -durante su corto mandato en 1980-, quien dicte el Decreto Supremo que instituye el 11 de octubre como Día de la Mujer en homenaje al nacimiento de Adela Zamudio (1854-1928) escritora, maestra, luchadora social, precursora de la educación laica y la reivindicación pedagógica, social y cultural de las mujeres. Zamudio, con sus reflexiones y acciones, abrió nuevos caminos que llevaron a una más activa participación de las mujeres en la sociedad.

A través de dos proyectos -que conozco de cerca-, quiero destacar la vocación de servicio voluntario y la capacidad de liderazgo de las mujeres en Bolivia.
El 8 de octubre, se cumplieron siete años de la creación de Gotita Roja, una asociación benéfica fundada en Suiza por dos jóvenes voluntarias, que ayuda financiera y materialmente a pacientes con cáncer.

Durante su trabajo en pediatría en el Instituto Oncológico del Oriente Boliviano en Santa Cruz de la Sierra, Alejandra Zamuner y Stückelberger Caroline se dieron cuenta de que la obtención de sangre para los niños excedía las posibilidades económicas de sus familias. Hicieron unas primeras gestiones con amigos en su país natal para recaudar fondos y luego iniciaron los trámites para formalizar este servicio a través de una organización. Gotita Roja busca motivar a jóvenes -tanto en Suiza como en Bolivia-, para que presten trabajo voluntario y que la población tome conciencia del valor de la solidaridad. En la actualidad, un valeroso equipo de mujeres voluntarias donan su tiempo, esfuerzo y trabajo para recaudar fondos y trabajar con las familias de los pacientes. Se generan proyectos autosustentables (producción de trabajos manuales) para la compra de medicamentos y el financiamiento de quimioterapias. El núcleo familiar recibe terapias ocupacionales, enseñanzas de oficios, soporte de sicólogas y contención emocional.

El otro ejemplo, es la Fundación Alegría Solidaria (2012), una institución sin fines de lucro, conformada por amigas del Colegio Cardenal Cushing, que decidieron implementar un proyecto de apoyo a la educación en comunidades con altos índices de pobreza. Este grupo de mujeres viene desarrollando diferentes estrategias a favor de la educación de adolescentes y jóvenes de la comunidad de Jorori. A través de apoyo técnico pedagógico y métodos innovadores, inclusivos y divertidos, buscan fomentar la pasión por la lectura, el análisis crítico y la creación literaria en esta población. La escuela cuenta ahora con una biblioteca de más de 4.000 ejemplares y recibe periódicas visitas de escritores que interactúan con los alumnos en el aula. Su lema: “el niño que lee, será un adulto que piensa” ya ha permitido crear dos clubes de lectura y la publicación de textos de los propios estudiantes. Este exitoso proyecto se ha reproducido en San Ignacio de Moxos.

Al revisar otras obras de gran impacto social (Davosan, Cerniquem, Fusindo, Afanic, etc.), todas ellas son lideradas y protagonizadas por mujeres. El voluntariado es la manifestación de la libertad, una elección, una cultura de vida.

Y, en el caso cruceño, tiene rostro de mujer.

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