Publicado en El Deber el 27 de octubre de 2017

En la recta final de la gestión escolar, se inició la distribución de los Bs 200 a los estudiantes de unidades educativas públicas. En imágenes, que circulan por las redes sociales, se muestra el abusivo, ilegal y despótico uso de los niños en la entrega de este dinero público, al inducirlos a levantar el puño cerrado, símbolo del partido oficial.

Podrán buscarle el eufemismo que mejor calce (bono, renta redistributiva, transferencia monetaria condicionada) y el nombre de un héroe con su tambor de hojalata, pero la cruda realidad es que el Estado, al finalizar el año lectivo, apuesta por el anzuelo de los 29 dólares para evitar que sus estudiantes abandonen el sistema escolar. En los últimos 11 años, hemos destinado un poco más de 550 millones de dólares para reducir la deserción del 6,5 al 2%. Además de pagarles para que no se vayan, ¿no tendríamos que hacer algo más para mejorar la calidad de nuestro sistema educativo?

La casualidad hizo que justo cuando se comienza a pagar el Juancito Pinto, nos visite una delegación de educadores de uno de los países considerados modelos en el tema. Hasta hace algunos años, de Finlandia solo tenía referencias de unas rubias de largas piernas, que bailaban tango en las calles de Helsinki. El tango finés es una variante del rioplatense, y uno de los ritmos musicales más populares en Finlandia. Se introdujo en 1910 a través de unos músicos que viajaron a la zona, fue adoptado como propio y ahora abundan nuevas composiciones. El tango nórdico se distingue de las demás variantes por su casi exclusiva ejecución en tonalidades menores e ingredientes del folclore local.

Además de bailar tango, ¿qué más han hecho estos chocos para que su sistema educativo sea considerado uno de los mejores del mundo?

Un docente en Finlandia es un profesional altamente valorado, de mucha autoridad y elevado prestigio social. Ser maestro demanda una titulación complicada, larga y exigente. El candidato se somete a numerosas evaluaciones y entrevistas para probar su vocación. Nadie hace filas para conseguir cupos, la educación es obligatoria y gratuita entre los 7 y 16 años. El Estado provee todo el material escolar y una comida caliente por día. Cada municipio debe garantizar que sus niños tengan una escuela cerca, y si viven más allá de 5 kilómetros, facilitarles transporte gratuito.

El reparto del dinero público se hace de forma equitativa, con una base de subvención común para compensar diferencias. Cada escuela diseña y organiza su currículo dentro de un marco único. Se respeta el ritmo de aprendizaje de cada niño y se evitan pruebas y actividades estandarizadas. Desde los primeros cursos se interviene para apoyar a los alumnos con necesidades especiales, evitando que sus dificultades aumenten con los años. Los profesores se ocupan del mismo grupo desde los 7 hasta los 12 años, lo que permite conocerlos mejor y personalizar la educación. El juego y el descanso son tan importantes como las clases, casi no hay tareas. Se evita la competencia y notas hasta después de los 11 años. Se valora la creatividad, experimentación y colaboración por encima de la memorización y las lecciones magistrales.

Participar del encuentro pedagógico Innovar en Educación es posible. Finlandia sabe cómo hacerlo, que se llevará en la UPSA, debería ser obligatorio para toda la comunidad educativa boliviana.

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