El semiólogo, filósofo y profesor universitario italiano Umberto Eco murió —a los 84 años— el 19 de febrero de 2016. Sin embargo, hace un par de semanas —dos años después de su muerte— muchos de sus artículos, entrevistas y declaraciones de prensa comenzaron a reviralizarse a través de las redes sociales. Este fenómeno se conoce como el Efecto Lázaro, que hace alusión a quien fuera resucitado de entre los muertos, según el Nuevo Testamento, debido al retorno espontáneo de la circulación sanguínea después de varios intentos fallidos de reanimación. La metáfora es utilizada cuando un hecho noticioso —por ejemplo, la muerte de una celebridad— cobra actualidad como si recién acabara de suceder. Los millones de internautas se encargan de que los niveles de lectura de los portales periodísticos, relacionados con el tema, disparen inusualmente sus cantidades de visitas virtuales. La propagación de noticias falsas confunde y desinforma a los incautos usuarios, al no saber filtrar o “separar la paja del trigo”.
Umberto Eco, en una charla universitaria, hizo unas polémicas declaraciones que, revisadas a la distancia, resultaron premonitorias dados los contenidos que se difunden en el mundo virtual: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio nobel. Es la invasión de los idiotas. La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”, apuntaba Eco.
Voy a aprovecharme de este ‘renacimiento’ de Eco para citar algunas ideas extraídas del ensayo Nadie acabará con los libros, que es una transcripción que hace el periodista francés Jean-Philippe de Tonnac, de una charla entre el semiólogo italiano y uno de los máximos exponentes del surrealismo francés, Jean-Claude Carrière. La principal discusión está centrada en torno a la crisis del libro en físico: ¿superará el libro digital al libro de papel?
La irrupción de las tecnologías digitales refuerza la denominada era alfabética. Si en algún momento se pensó que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, el nuevo tiempo nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg, donde todos nos vemos —de nuevo—, obligados a leer. Aunque los tuiteros lo desconozcan como tal, el Twitter ha popularizado el aforismo, que expresa un principio de manera concisa (140 caracteres). El correo electrónico ha revitalizado el intercambio epistolar, aunque las formas y contenidos sean diferentes.
Eco es categórico al afirmar que el e-book no matará al libro. Sus argumentos apelan al sentido común: es pequeño, portátil, no necesita cables ni pilas, puede prestarse y regalarse, y dura más que los cambiantes soportes digitales. Y lo más concluyente, porque es un invento insuperable: “El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez se han inventado no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizás evolucionen sus componentes, quizás sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”, sentencia el autor de la célebre novela El nombre de la rosa.

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