Publicado en El Deber el 8 de marzo de 2019

Para Navidad, mi hijo me regaló un lector de libros electrónicos (Kindle). Hace más de una década que estos dispositivos están en el mercado. El Kindle no fue el primer lector, pero sí ayudó a que los ebooks, después de varios intentos fallidos, se popularicen en este formato. Aparece el 2007 y marca el inicio de la gran expansión de Amazon en dispositivos de consumo y coadyuva para que esta compañía de comercio electrónico -para desconsuelo de los editores-, se convierta en un importante actor dentro del mundo editorial.

Cuando se analiza el ciclo de adopción de las innovaciones hay un 2.5% de personas que se los denomina “innovadores”, porque son los primeros que se prenden a los descubrimientos tecnológicos. Les siguen un 13.5% conocidos como “adoptadores tempranos”. Luego, viene un 34% de “mayoría precoz”, seguido de otro 34% de “mayoría tardía”, y finalmente, un 16% de “rezagados”. El mercado masivo está comprendido en ese 68% de las dos mayorías. Para este dispositivo, en particular, probablemente yo me hubiese situado entre los rezagados. El regalo me empujó -sin que lo busque voluntariamente-, a ser parte de esa mayoría tardía de lectores de libros digitales.

Después que mi hijo me enseñó a formatear y manejar el aparato, con varias chambonadas de mi parte, pude finalmente descargar mi primer libro electrónico. Gracias también a la sugerencia de mi benefactor y tutor, “21 lecciones para el siglo XXI” de Yuval Noah Harari, con toda su claridad, estaba disponible en mis manos. Perder la virginidad de la lectura, en otro soporte, que no sea el entrañable y romántico papel, fue toda una experiencia para este abuelito que sintió que estaba traicionando su propio oficio de casi treinta años de editor de libros de papel.

Contra todos mis prejuicios, reparos, críticas y escepticismo, debo confesar que este primer encuentro de lectura digital no estuvo nada mal. El tamaño, que siempre me pareció muy pequeño, tiene unas dimensiones más que óptimas. Es un libro de bolsillo, cómodo, manejable, que permite una lectura ágil, y contrariamente a lo que pensaba, es muy ligero de peso. Además, uno puede aumentar el tamaño y el tipo de fuente de la letra a gusto y placer. La batería, otro tema que me preocupaba, tiene una duración admirable. He podido leer el libro entero sin necesidad de una recarga.

Si uno mantiene el dedo en una palabra, aparece una definición del diccionario, que también tiene traductor, si se lee en otros idiomas. Las anotaciones y subrayados, que me gustan hacer en los libros tradicionales, también se pueden realizar sobre la pantalla digital. Incluso, se muestran los pasajes más subrayados por otros usuarios. Este lector identifica los títulos de las obras mencionadas en el libro para ser explorados más adelante.

Las páginas se pasan con fluidez a través de la pantalla táctil. Se puede configurar el brillo en función de la luz del entorno. Además, los ojos no se cansan al ser la pantalla de tinta digital (no pixeles). Aunque le llegue la luz del sol directamente, no hay reflejos. No es exactamente como leer en papel real, pero casi. No estoy seguro si leeré muchos ejemplares en este dispositivo, pero la sola posibilidad de acceder a títulos descatalogados o imposibles de conseguir en nuestra librerías, me tiene como niño con juguete nuevo.

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