Publicado en El Deber el viernes 26 de abril de 2019

Un par de semanas atrás, asistí a una conferencia sobre marketing digital dado por Valeria Landívar —profesional boliviana, residente en Canadá—, que es un referente mundial en nuevas tecnologías y manejo de aplicaciones del mundo virtual. En la ronda de preguntas, alguien le pidió su opinión y consejos para lidiar con los “haters” (odiador, sería un equivalente en castellano). Entre los muchos actores de la web existen estos personajes que se ocupan de difamar, despreciar y criticar destructivamente a personas, instituciones o cualquier cosa, más o menos relevantes, que pudiera aparecer en la red.

Antes, vimos la diferencia entre un trol y hater. El primero, es el que publica contenido en una comunidad social con la intención de generar polémica, llamar la atención, provocar conflictos y quizás entretenerse. Hay “troles payasos” que hacen del humor una herramienta para sentar presencia. Aprovechan cualquier situación para hacer chistes, memes o caricaturas humorísticas que se viralizan, conquistando cierto prestigio social, pero son inofensivos. Por otro lado, los “troles agresivos” son malintencionados, abusivos y acosan a sus víctimas hasta límites inaguantables. Entre estos, están los haters, que no solo buscan sobresalir con sus métodos hirientes, sino son intolerantes con sus creencias, fundamentalismos y dogmas, que consideran únicos y excluyentes.

Una primera respuesta contra los troles es ignorarlos. Hay una frase en inglés que resume este concepto: Don’t feed the troll. Tanto en la vida real, como en el Internet, se deben aplicar técnicas de asertividad que paralizan el ciclo acción-reacción que estimulan a los haters. La violencia solo genera violencia. En una comunicación asertiva se expresan convicciones y se defienden derechos sin agredir ni ser agredidos. Dependiendo de cada caso, se podría ignorarlos, filtrar o eliminar comentarios agresivos, y en casos extremos, bloquear cuentas para frenar abusos.

Mi curiosidad por saber qué hay detrás de un hater me llevó a entrevistar a un par de psicólogas amigas y ambas coinciden en el perfil psicológico de este despreciable internauta: en psicología había existido un concepto llamado “la tríada oscura de la personalidad” caracterizada por el narcisismo, psicopatía y maquiavelismo.

Los narcisistas tienden a centrarse en sí mismos, fantasear con un poder ilimitado, son exhibicionistas, no aceptan críticas y tienen la necesidad de admiración de los demás. La psicopatía se refleja en conductas socialmente desviadas, son personas faltos de empatía, manipuladores, poco confiables y no presentan sentimientos de culpa ni remordimientos. Y por si esto fuera poco, en el maquiavelismo resaltan actitudes cínicas y se adoptan estrategias cuyo único fin es beneficiar sus propios intereses.

Los tres rasgos provocan una “frialdad emocional” que, en el incontrolable y anónimo mundo de la web (el sueño de un narcisista-maquiavélico-psicópata), pueden dar rienda suelta a sus necesidades más primitivas y cavernarias. Los haters siempre han existido, antes en la vida real, y ahora también en el mundo virtual. La tecnología les ha dado peligrosas posibilidades de amplificar sus nefastos comportamientos. Como padres, educadores y ciudadanos de a pie, debemos estar atentos para moderar los excesos y el “troleo” en Internet.

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