Publicado en El Deber el viernes 3 de mayo de 2019

Mi amigo Luís Alberto Roca, en su libro “La importancia de llamarse Pedro” (2002), afirma que “hay algo metafísico en los nombres, hay predestinaciones que sólo podemos constatarlas y hay coincidencias que van más allá de eso…”.Yo no estoy tan seguro de las azarosas eventualidades que una denominación pueda provocarle al destino de una persona. He conocido, a más de uno, con nombres de reyes y emperadores, que apenas podían reinar o dominar sus vidas. Sin embargo, lo contrario, el tener nombres risibles, ridículos, grotescos, jocosos, con energías negativas, hacen cuesta arriba la existencia de quienes cargan con esas identidades.

Visité un par de oficialías de registro civil para preguntar cómo la legislación boliviana puede proteger a un menor de edad para impedir que sus padres lo inscriban con nombres como Lord Voldemort, Blanca Nieves, Pancracio, Bruce Lee, Zoila Vaca, Roso Cruz, Jack Daniels, Maicol Yacson, Sofronio, Nicéforo, Dámaso, Elba Zurita, Estejuani, Aquiles Castro, Paloma Parada (todos nombres extractados del registro actual). La ley Nº. 548 (Código Niña, Niño y Adolescente) dice que todo niño tiene derecho a nombre propio e individual, llevar dos apellidos (paterno y materno), o un solo apellido sea de la madre o del padre y otro convencional para completar los dos; o en su defecto, tener dos apellidos convencionales. En el artículo 113 sugiere que “el oficial de Registro Civil, al momento de la inscripción, podrá orientar a la madre, padre, guardador o tutor, para asignar nombres que no sean motivo de discriminación”. En definitiva, el buen criterio y sentido común del oficial es la única protección que tiene un indocumentado para ser nombrado como a sus progenitores les venga en gana.

Hasta hace algunos años, y todavía en algunas familias tradicionales, el Almanaque Bristol que era una publicación de consulta popular para orientar decisiones de siembra, pesca y astronomía, también era una fuente para elegir nombres relacionados al santoral cristiano, que tiene un santo para cada día del año. Los Rosendos, Teófilos, Jovitas, Margaritos, Teodoros, Arsenios, Hipólitos, Nicasios, Judas Tadeos, Natividades, Primitivos, Nemesios y un largo etcétera, tienen identificado claramente al culpable de sus nombres.

La desconsideración, y en otros casos la ingenuidad de algunos padres, llega a extremos inimaginables. En mi investigación me contaron de un caso de una empleada doméstica que, al planchar los vaqueros de sus empleadores le llamaba la atención la marca de los mismos, por eso bautizó a su hijo como Wrangler, y el incompetente oficial de registro civil se lo permitió.

Las figuras públicas son también una fuente de inspiración para bautizar recién nacidos. En la época de gloria de Maradona, los Diegos en el mundo se multiplicaron. Cuando vino el papa Juan Pablo a Bolivia, muchos Juan Pablitos fueron inscritos. Los nombres de moda provienen de las telenovelas, series televisivas o películas. No lo he comprobado, pero dicen que ya existe en el país una Arya, y no me sorprendería si fuera cierto. Hubo también unos padres que soñaron con una Eva primigenia u originaria que sería el génesis de un nuevo tiempo, solo que el azar y los cromosomas hicieron al bebé varón, y el nombre Adán no les gustaba mucho.

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