Karina Vargas

Publicado en El País el viernes 12 de junio de 2026

Hace muchos años y varios mundiales atrás, escuché a un amigo decir que “la vida es eso que pasa entre los mundiales”. Un exceso, dirán algunos, pero los amantes del fútbol seguro encontrarán bastante lógica en esa frase.

“Desde la línea de cal”, el libro de Alfonso Cortez, llegó hace casi tres semanas y fue el preludio de lo que arrancó la tarde de este jueves. Inmediatamente me sentí identificada con varias de sus historias, recordando el gol que más celebré en un Mundial o ese que no llegó y que podía cambiar la historia. La sufrida tarde en que no pude ver el Brasil-Francia de 2006 por una dolencia médica o cuando, en 1998, llegó a la casa un hermoso cachorro doberman llamado Suker, en honor al goleador croata de ese Mundial.

En medio de las tareas pendientes, la jornada empezó con un playlist de las canciones de los mundiales, donde la reina indiscutible es Shakira, y con el ejercicio mental de recordar la lista de campeones desde 1930. Siempre me cuesta Alemania en 1954. Y también los pronósticos sobre quiénes llegarán a la final y quién será el campeón; siempre están los propios y, a lo largo de los años, han llegado los de un famoso pulpo, los del matemático que ya acertó tres campeones al hilo y ya hizo su apuesta para este año, y la IA, el nuevo oráculo al que todos consultan.

Ojalá este Mundial no sea recordado solo como aquel que empezó cuando Bolivia estaba en el día 42 de un bloqueo que mantenía paralizado a gran parte del país. En lo deportivo, o reglamentario, las novedades son muchas, desde la discutida pausa de rehidratación, pasando por los nuevos tiempos para hacer los cambios, sacar los laterales o para que el arquero ponga la pelota en juego. Desde ya, entre lo mejor, me quedo con la cámara del árbitro, que da una perspectiva muy especial del juego; y el equipo completo al entonar los himnos.

Con 48 selecciones y 104 partidos, hay mucha información para procesar y sumar a la “enciclopedia” mundialera. Datos diferentes, como los hermanos que juegan en distintas selecciones, los cambios de última hora por las lesiones, las mejores poleras, el más joven o el más veterano (tiene 43 años y no es CR7). También vuelven recuerdos de otras épocas. Son insuperables los “robotines” del Telebeam de 1990, cuando replicaban la jugada y la velocidad de la pelota en los tiros libres. Mucho antes del VAR, esa era la última palabra.

Cada fecha, y más aún las de fin de semana, serán ideales para poner a prueba los conocimientos y datos acumulados a lo largo de los años, que en esta ocasión tienen una buena opción para disfrutar en familia con la “Trivia mundialera” que es el éxito de una emprendedora local.

A la hora de elegir favoritos, siempre, siempre será Brasil. Hace más de 20 años no llega la sexta, pero sigo en esa barra. Este año, las apuestas van por Francia y España; y sumo a Portugal por su buen plantel y porque soy “team” Ronaldo, aunque eso no sea especialmente bien recibido por estos lados.

El partido inaugural de 2026 difícilmente quedará entre los más recordados por fútbol, pero quizás sí por la emoción del jugador mexicano que marcó su primer gol y lo dedicó a su padre que murió hace poco. O tal vez por el simbolismo de un Estadio Azteca con tres aperturas mundialeras. Es que una Copa del Mundo rara vez se recuerda por su primer partido, salvo aquellos que nos tocan directamente, como aquel debut de Bolivia en Estados Unidos 94. Los recuerdos suelen llegar después.

El Mundial está en marcha. Y aunque para algunos, tal vez mi amigo exageraba cuando decía que la vida es eso que pasa entre los mundiales; siento que no estaba muy errado. Porque al final uno no recuerda solamente quién salió campeón. También recuerda dónde estaba, con quién vio los partidos, qué canción sonaba de fondo y qué está pasando en su propia vida cuando el mundo se detiene para ver lo que sucede en una cancha.

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